Impulsemos el proyecto de clase en el movimiento sindical

RAICES DE NUESTRA HISTORIA
El Movimiento Sindical tiene siglos de experiencia, de idas y venidas, de avances y retrocesos. Surgido por la necesidad del proletariado para defenderse de las duras y bárbaras condiciones de explotación del trabajo que ejerció desde el primer momento el capitalismo en su irrupción en la historia, al sustituir al feudalismo como sistema de producción.
 
La barbarie capitalista se refleja en multitud de libros de Historia en la Inglaterra del siglo XVIII con la terrible explotación infantil, con las sangrientas represiones de los obreros (mineros, siderúrgicos, textiles…), o la semiesclavitud que comportó el trabajo de mayordomos y sirvientas.
 
Puede hablarse de Inglaterra como referencia, pero igualmente se puede trasladar la barbarie capitalista a Alemania, Francia, España, Bélgica, Holanda, Rusia, EEUU…, o en cualquier nación en la que el capitalismo ha tenido su desarrollo y no fue derrocado por la clase obrera y el pueblo para implantar el socialismo, como sucedió con la gran revolución socialista de octubre de 1917 en Rusia y en otras muchas naciones posteriormente.
 
No es este documento el que puede analizar en profundidad y detalle este largo periodo de conquistas de la clase obrera. A lo que nos atañe, solamente trataremos de señalar sus rasgos más importantes.
 
Un primer rasgo ha sido la lucha. La lucha se dio y se sigue dando como la consecuencia de la acumulación de injusticia, de la opresión, del carácter irracional, despótico y dictatorial de la explotación capitalista, pues todo lo determina el empresario para obtener sus beneficios. Para ello se conforma una estructura de mando que se impone verticalmente a partir de los intereses, estrategia y caprichos del dueño.
 
La lucha ha respondido en general a los intereses de los trabajadores, teniendo en las diferentes etapas o circunstancias un determinado coste que ha sido diverso a lo largo de la historia. Pero siempre y en términos de perspectiva, las luchas y su acumulación de fuerzas han hecho avanzar las conquistas de la clase obrera, consiguiendo en muchos países la desaparición de la explotación capitalista.
La organización de los trabajadores ha sido otra consecuencia de la lucha, constituye un salto cualitativo en la defensa de los intereses de los trabajadores. La amplitud y extensión de la organización, han sido y son objetivos permanentes del movimiento sindical de clase en el que los trabajadores y trabajadoras están mejor respaldados y con más fuerza, ante la patronal y los gobiernos, que la respaldan en todo sistema político capitalista, ya sea sobre formas de dictaduras fascistas, como la de Pinochet en Chile, la franquista en España, la de los coroneles en Grecia o la salazarista en Portugal etc. etc., o también bajo la forma de democracia burguesa igual a las que se dan en EEUU, Alemania, Francia o aun peor, bajo las monarquías, como la Inglesa o la designada por el fascista Franco como la Española, rescatando sin camuflajes muchos de los privilegios y las antiguallas del pasado feudal. La dominación burguesa, adquiere cualquiera de estas formas, según los intereses de clase de los capitalistas en cada momento histórico.
 
La orientación sindical tuvo y tiene una importancia determinante para hacer avanzar los intereses de los trabajadores o hacerlos retroceder. El carácter clasista de la orientación sindical es la única que permitió los grandes avances de los trabajadores durante el siglo XX. Sin esta posición sindical, que se extendió por todos los continentes, y el sacrificio, claridad y determinación de los partidos comunistas, obreros y revolucionarios, las condiciones del proletariado en los tiempos actuales serían, en el mejor de los casos, de semiesclavitud.
 
En los países que con sus revoluciones vivieron la experiencia de la constitución del socialismo, en el que tuvieron los trabajadores el poder como clase, resolvieron de forma exitosa las condiciones básicas para toda la población: comida, educación, vivienda, sanidad participación efectiva de la población en la política (democracia real), igualdad de hombres y mujeres, igualdad de razas y etnias… así como un gran avance de todos y de cada uno de los países dentro del contexto mundial.
 
El abandono de posiciones revolucionarias y de principios, el avance del oportunismo en los aparatos del estado socialista, así como en los partidos comunistas y en las instituciones, dieron pasos decisivos que favorecieron la contrarrevolución, apoderándose del Estado mafias organizadas con el apoyo de la reacción internacional, encabezada por los EEUU y La Unión Europea. Las conquistas de la clase obrera y capas populares fueron liquidadas por el saqueo al pueblo por los capitalistas, teniendo que comenzar de nuevo la andadura para conseguir nuevas conquistas.
La extensión de los grandes avances de la clase obrera, se produce principalmente a mediados de la década de los años 40, una vez derrotada la criminal maquinaria de guerra nazi-fascista, (alimentada y organizada por los grandes capitalistas de todo el mundo), que fue liquidada por la resistencia de los trabajadores y de los pueblos, a cuya cabeza estuvo el gran pueblo soviético, principal artífice de la derrota nazi. Después de esta victoria de la clase obrera, que se convierte en una gran victoria de la humanidad, se constituye la Federación Sindical Mundial, el 3 de octubre de 1945, que une a las organizaciones sindicales de prácticamente todo el mundo, y cuya corriente principal tiene un marcado carácter de clase, posicionándose en todo momento contra la explotación capitalista y por la transformación socialista de la sociedad.
 
Pronto el capitalismo, que ve amenazados sus intereses, comienza su maniobra de escisión del movimiento sindical mundial, y constituye la CIOSL (Confederación Internacional de organizaciones Sindicales Libres) que nace en 1949 con un marcado carácter antiobrero y anticomunista, defendiendo el capitalismo y el imperialismo como sistemas de explotación de la clase obrera, y por medio particularmente de la CIA va corrompiendo y comprando dirigentes, formándolos ideológicamente para luchar contra las conquistas de los trabajadores y el socialismo.
Existe la pugna entre el socialismo y su desarrollo mediante las revoluciones por un lado, y por otro la implantación del régimen de dictadura del capital y la reacción continúa. La socialización de los medios de producción comienza por la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, como la banca, la energía, las telecomunicaciones, el transporte colectivo así como la gran distribución y los latifundios… (aclarando que no es igual nacionalizar los medios de producción que socializarlos, aunque la nacionalización puede significar un paso muy importante en el camino de la nacionalización) bajo la dirección y decisión de los trabajadores y del pueblo, estableciendo la democracia real como forma política de funcionamiento.
 
Por otra parte se encuentra el régimen de la dictadura del capital, cuyo carácter esencial se concreta en que la propiedad de los medios de producción está en manos de individuos privados que ostentan todos los privilegios: el de la propiedad de los grandes medios de producción, la relaciones de producción, el de la distribución, el de fijar los precios, el de repartirse los altos cargos, el de determinar las leyes, el de enriquecerse individualmente…
NUESTRO PAIS EN EL ÚLTIMO SIGLO PRESENTE Y FUTURO
En España, a la cabeza de estos privilegios, se encuentra el monarca y la familia de la casa real que los comparten con los grandes capitalistas que en general son dueños de las grandes empresas y sectores productivos, así como con los grandes propietarios de la tierra. Este grupo social minoritario, impone todas las condiciones a la clase obrera y al pueblo para salvaguardar sus intereses y privilegios por medio de un amplio entramado de instrumentos políticos, jurídicos, sociales, represivos, de propaganda… que forman el aparato del estado, y por medio de éste someten despiadadamente al pueblo, con un lavado de cara cada 4 ó 5 años con 10 minutos de participación, que es el tiempo invertido en la votación para que avalemos a los jefes impuestos por la superestructura del sistema a través de los partidos que lo sustentan, siendo los mismos representantes designados por estos partidos del sistema, los que durante otros 4 ó 5 años continuarán explotando y sometiendo al pueblo en beneficio prácticamente exclusivo de los explotadores, de los privilegios de esta casta pequeña en número que además está cada vez más corrompida en cualquiera de los estamentos que mínimamente se investiguen.
 
Así pues, el sindicalismo de clase se sitúa con claridad en defensa de los intereses inmediatos y estratégicos de la clase obrera, que no son otros que los de la socialización de los medios de producción con la participación y decisión directa de los trabajadores y el pueblo en la marcha de la economía, como sujetos activos, frente al parasitario, perjudicial y decadente capitalismo que somete a las amplias masas de la población, con un único objetivo: mantener sus privilegios, desarrollando un sistema imperialista por medio de las multinacionales, con instrumentos como el FMI, el BM, la OTAN y otros, que van imponiendo guerras, esquilmando los recursos naturales del planeta y decidiendo a escala mundial las estrategias para mantener e incrementar sus beneficios a costa de la explotación incluso infantil, los bajos salarios, las durísimas condiciones de trabajo, a lo que hay que añadir el hambre que pasan cerca de mil millones de personas en un mundo en el que sobran alimentos.
 
De esta concepción del mundo y desde las posiciones de clase, hay que analizar el movimiento sindical en España, que a grandes rasgos podríamos decir que se desarrolla y pasa por los avatares de la lucha contra la explotación por la que han pasado los trabajadores en otras partes del mundo.
Cabe destacar dos procesos importantes en el siglo pasado entre los años 20 y 80 cada uno de lo cuales tuvo su culminación.
 
El de los años 20 culmina con la liquidación de la monarquía y la instauración de la II República, que da un gran golpe a la España semifeudal y clerical que producía un gran atraso y opresión al pueblo, ejercidos mediante una represión brutal por parte de la monarquía y la dictadura de Primo de Rivera. El movimiento sindical cuya composición fundamental la formaban anarquistas, socialistas y comunistas jugó un papel importantísimo tanto contra la dictadura de esa época como contra la monarquía y la opresión clerical. Este período de progreso tendría su culminación en 1936 con la victoria del Frente Popular que significó la continuidad de los avances populares.
 
El movimiento obrero y sindical juega un papel determinante en los avances del pueblo que se volvieron imparables hasta el golpe de estado fascista dado por las fuerzas reaccionarias (de los terratenientes, los grandes capitales y la iglesia, junto a una casta militar cuya extracción social procedía de los grandes capitalistas, terratenientes e industriales) que no estaban dispuestas a ceder un ápice sus grandes privilegios en beneficio del pueblo. La Alemania nazi y el fascismo italiano fueron los aliados directos del golpe encabezado por el fascista Franco. Las democracias burguesas europeas también colaboraron con la reacción de forma más indirecta con la política formal de “no intervención” que en la práctica ayudó a la derrota del progreso que expresó la II República.
 
Sólo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, apoyó y se mantuvo fiel a la República Española hasta el final, ayudando al Gobierno y al Ejército Regular de la II República, y posteriormente al exilio al final de la guerra.
 
Los sindicatos de clase y combativos fueron liquidados y fueron sustituidos por los sindicatos verticales compuestos por el gobierno, los patrones y los trabajadores, de tal forma que solo decidían y mandaban los empresarios y el gobierno fascista.
 
En el largo y sangriento período de la dictadura franquista la lucha del movimiento obrero y sindical continuó en las condiciones que las circunstancias permitieron, siendo grandes como en toda coyuntura difícil, los esfuerzos y sacrificios a los que se enfrentaron los luchadores y luchadoras de esta época.
 
La década de los 70 es una década de grandes avances, terminando políticamente con el franquismo por medio de la negociación y no por su derrocamiento, imponiéndole al pueblo la monarquía parlamentaria con un sinfín de privilegios que se recogen en la Constitución de 1978. No hay depuración del aparato del estado por su brutal represión contra el pueblo en todo el período del franquismo, quedando impunes todos los crímenes y asesinatos cometidos por el régimen durante 40 años, sin que a fecha de hoy hayan sido recuperadas las decenas de miles de personas asesinadas y metidas bajo tierra a lo largo y ancho de la geografía española y sin que ni siquiera se hayan repudiado formalmente el golpe de estado y la dictadura de Franco en el Congreso de los Diputados.
 
En este apartado conviene resaltar la durísima lucha de los trabajadores y del sindicalismo de clase y su contribución a la caída del franquismo.
 
Con este análisis partimos del reconocimiento al avance que se da en la década de los 80 con la caída de la dictadura, producto de la lucha de los trabajadores y el pueblo, pero también las limitaciones de ese período por la claudicación de la socialdemocracia y el retroceso que significó la implantación del eurocomunismo como la expresión más radial del oportunismo, sentaron las bases de la desarticulación del movimiento obrero y popular, asumiendo el institucionalismo burgués, el pacto social, el consenso, y el interclasismo como elementos esenciales del sistema de dominación capitalista en esta época del imperialismo y ajenos a las ideas y a los conceptos de clase de los trabajadores.
 
Queda claro nuestro rechazo a la instauración de la monarquía como una institución retrógrada y la claudicación de la “izquierda” que asumió, casi en su totalidad, las exigencias del gran capital y de la burguesía, abandonando las posiciones de transformación social y revolucionarias de los trabajadores.
En estas tres décadas queda patente cómo el abandono de los principios de la clase, la dejación de los mismos y la claudicación, han llevado el agua del molino de la reacción, de la especulación y en definitiva han llevado a reforzar la dictadura del capital.
 
Aquí entramos a situar el declive y la bancarrota en la que se encuentra el sindicalismo de colaboración del sistema, el sindicalismo de integración en el sistema y el sindicalismo correa de transmisión del sistema.
 
Pronto comenzaría toda una estrategia para domesticar la lucha sindical y a los sindicatos, con las miras puestas en la integración de España en el polo imperialista europeo que exigía el desmantelamiento de la siderurgia, del sector naval, la reorganización de la industria y del sector agrario, en particular el ganadero. En lo político y sindical había que homologar los proyectos de tal modo que los grandes empresarios, la banca y los monopolios tuvieran la garantía y la tranquilidad de aumentar sus privilegios, explotando la mano de obra cuanto más mejor.
 
De ahí que la clase obrera y el sindicalismo de clase y combativo forjado en la lucha contra la dictadura, tuvieran que pasar a ser una mera representación formal de la propia clase obrera, sin un proyecto estratégico independiente de los trabajadores que confrontara permanentemente con el proyecto del capital.
 
Este objetivo de desarticular el proyecto estratégico de la clase obrera lo teorizaron, lo trabajaron y lo consiguieron las estructuras sindicales de CCOO y de UGT, primero adoptando su filosofía y estrategia al proyecto del capital con términos como: pacto social, productividad, competitividad, flexibilidad… todos ellos términos capitalistas, que hoy son defendidos por estos sindicatos como propios, negociando y entregando las conquistas y derechos de los trabajadores para adaptarlas a estos conceptos.
 
Pero la adaptación de la filosofía patronal al terreno de la realidad en las estructuras sindicales ha sido cruenta y dramática en multitud de ocasiones, aplicándose en todo momento y sin ninguna contemplación a los trabajadores, a los dirigentes, secciones sindicales, o sectores que en la confrontación real no se sometieran a los principios del capital.
 
Así se vienen dando a lo largo de estas décadas todo tipo de represión a la contestación, la firmeza y la defensa de los principios de clase.
Esta represión dentro de las estructuras sindicales va desde la marginación interna, la amonestación, la sanción o la expulsión de los sindicatos, llegando incluso en ocasiones a despidos de las empresas por mediación de los propios sindicatos.
 
De los pactos firmados con las patronales y los gobiernos podemos destacar, entre otros, los últimos: el firmado con la socialdemocracia del gobierno de Zapatero para retrasar la edad de jubilación, o el firmado con la patronal a primeros de este año 2012, en el que se recogen unos retrocesos de tal magnitud que significan el 80% de la contrarreforma laboral aplicada por el gobierno del reaccionario Partido Popular de Rajoy.
 
Los sindicatos a los que nos referimos y no solo sus cúpulas, sino también sus principales estructuras y la influencia que desde ellos se ejerce, están imbuidos por la claudicación al capital, estando conformada la estructura jurídica interna de tal forma que es imposible la recuperación del sindicalismo de clase desde dentro de estas organizaciones. Quienes plantean esta posibilidad, siendo cada vez menos los que lo hacen, saben incluso que esa posibilidad es pura ilusión que solo supone desgaste frente a un aparato burocrático bien pertrechado y engrasado por el aparato del Estado que fija cada año ingentes cantidades de dinero vía Boletín Oficial del Estado y de las Comunidades Autónomas, así como por medio de múltiples subterfugios (comisiones de trabajo, formación asesoramiento, participación en mutuas, en arbitrajes, porcentajes en la negociación de los EREs o la participación en los beneficios de las gestoras de planes de pensiones…) fortaleciendo todo ello el aparato burocrático que ha de cumplir necesariamente los objetivos esenciales de defensa del sistema de explotación capitalista.
 
Todo ello al margen de que se convoquen o no movilizaciones o huelgas generales siempre obligadas por unas circunstancias ajenas a la voluntad del propio proyecto sindical entreguista. Cualquiera puede ver con claridad meridiana por los objetivos por los que se convoca en general: “para negociar”, “por un referéndum”, “por el pacto social”… Nunca por un proyecto de clase para los trabajadores.
 
La conformación de una conciencia social se forja de manera compleja siendo muchos los factores que intervienen en ella: los procesos productivos, la forma de entenderlos o enfrentarse a ellos, la propaganda del régimen capitalista monopolizada por los grandes medios de comunicación al servicio de la alienación, de la desinformación y de la manipulación de la realidad, loando a los que se rinden o corrompen, silenciando, tergiversando o combatiendo a luchadores y luchadoras por los intereses de los trabajadores.
 
En la conformación de la conciencia también tienen una importancia capital la posición, el discurso o la resolución con la que intervienen los representantes de los trabajadores (delegados sindicales, comités de empresa, juntas de personal, responsables de las secciones sindicales…), mereciendo la pena aclarar este comportamiento.
 
Los representantes de los trabajadores que obedecen la orientación de los sindicatos integrados y al servicio del proyecto del capitalismo, transmitirán en sus centros de trabajo la paz social, la productividad, los EREs… como algo normal, sin darse cuenta que están transmitiendo directamente la filosofía de la empresa, con el argumento del “mal menor”, de que “la cosas están muy mal”, buscando asentar un conformismo dentro de la plantilla que favorece claramente y en exclusiva los proyectos estratégicos del empresario; y cuando las cosas se ponen mal muchos de estos representantes inconscientes, se atreven a echar la culpa a los trabajadores, descargando sobre quienes no tienen la responsabilidad, aquello que esos representantes han hecho rematadamente mal, o no han hecho como debía ser su obligación.
 
Han existido y existen otros destacados representantes con capacidad de reflexión y de crítica apartándose de las directrices de claudicación preconcebidas aportando al movimiento sindical de clase valiosas experiencias. Pero hay que ser claros en este tema, esos representantes o trabajadores útiles a la clase obrera, al sindicalismo de clase, con capacidad de reflexión y de crítica, han de enfrentarse más pronto que tarde, si no lo han hecho ya en el largo período que llevamos de bancarrota del sindicalismo de paz social, al proyecto de integración del capital que sus sindicatos y estructuras tratan a toda costa de imponerles, en particular CCOO y UGT.
 
La Coordinadora Sindical de Clase parte de un profundo análisis de cómo ha ido evolucionando el movimiento sindical desde finales de los años 70 y más concretamente en las dos últimas décadas, llegando a la conclusión de que lo que conocemos hoy como sindicatos de ámbito estatal se alejan cada vez más del sindicalismo clasista y por consiguiente la clase obrera se encuentra huérfana en el terreno sindical de la herramienta principal de los trabajadores en las empresas para defender sus intereses.
 
Esta es nuestra caracterización con todo el contenido que ello significa. Partimos asumiendo las mejores enseñanzas históricas que el sindicalismo de clase y combativo han aportado a la clase obrera y al pueblo en nuestro país desde la organización, la tenacidad, las luchas, los sacrificios y el heroísmo de mucha gente por avanzar en las conquistas de los trabajadores.
 
Reivindicamos el sindicalismo de clase con la honestidad, la claridad y la firmeza que comportó siempre este sindicalismo, al servicio y en defensa de la clase obrera; en este sentido no sirven las medias tintas, el camuflaje y mucho menos el aprovecharse de cargo o representación alguna para prebenda personal. Hay que destacar que cualquier cargo o representación que temporalmente se desempeñe es de y para los trabajadores, dando cuenta a los mismos de las tareas realizadas, así como a los diferentes estamentos del sindicalismo o de representación en comités o juntas de personal para los cuales podamos haber sido elegidos.
 
La independencia del sindicato está por encima de cualquier partido político o entidad, a la vez que su posición estratégica por ser un sindicato de clase se situará en todo momento al lado del progreso, al lado de la transformación social, al lado de la revolución, al lado de la nacionalización y socialización de la economía como únicas formas de acabar con la injusticia, los privilegios y las grades desigualdades que el sistema de explotación capitalista aumenta y justifica para mantener la hegemonía de unos pocos sobre la mayoría.
 
Nuestra independencia no es una independencia neutral sino que se enmarca dentro de un proyecto estratégico que consiga superar la explotación del hombre por el hombre, pues este tipo de sociedad basada en los principios de la explotación capitalista, es la que genera los 6 millones de parados, el 50% de la juventud desocupada, la precariedad laboral, los desahucios y la deuda de por vida a los bancos por quienes han sido desahuciados, el 25% de índice de pobreza, la amplia desnutrición infantil, así como la inseguridad permanente para decenas de millones de personas, éstas son entre otras las múltiples y graves lacras de éste injusto sistema, que se traduce en el saqueo al pueblo y la amnistía fiscal para los grandes ladrones.
 
En este sentido, las relaciones con todas aquellas organizaciones que vayan en esta dirección serán fundamentales para avanzar, y las propiciaremos ya sea en el ámbito de la empresa, en el local, en el de nacionalidad o en el estatal.
 
Nuestro funcionamiento en las empresas, los centros de trabajo, de estudio…se basa en participación y decisión de los trabajadores, que por medio de asambleas puedan materializar los objetivos colectivos, desde la elaboración de plataformas reivindicativas, las formas y ritmos de la negociación, de las movilizaciones, así como las salidas que puedan darse a los problemas planteados….
 
La asamblea de trabajadores es un medio fundamental e imprescindible del sindicalismo de clase. La participación abierta de todos los trabajadores se convierte en un arma decisiva para hacer avanzar las reivindicaciones y la transformación social. No en vano ha sido y es combatida por los empresarios a lo largo del tiempo y devaluada por los sindicatos del pacto para arrebatarle a los trabajadores su capacidad decisoria. Cuando los sindicatos del sistema se ven obligados a convocar asambleas, les dan un carácter meramente informativo, reservándose para ellos o para el burócrata de turno la capacidad decisoria.
 
Trabajar para que la asamblea sea un instrumento decisorio en manos de los trabajadores y trabajadoras, es una cuestión de principios del sindicalismo de clase que la CSC trabajará constantemente para desarrollar.
 
La participación en los comités de empresa o juntas de personal o en otros instrumentos de representación son objetivos en los que la CSC aspira a estar y a extender al máximo su presencia fortaleciéndose por medio de los sindicatos que la forman y por la ampliación a otros ámbitos y a otros territorios en la medida que nuevos compañeros y compañeras se incorporen al proyecto sindical de clase de la CSC.
 
Partimos de una voluntad firme de construir un sindicato de masas, plural, y profundamente participativo con una afiliación lo mas amplia posible. Por ello hay que trabajar intensa y extensamente, construyendo secciones sindicales en permanente desarrollo, buscando siempre la unidad del sindicato y la participación de los afiliados renovando las responsabilidades con los compañeros y compañeras más firmes y comprometidos con el sindicalismo de clase y con los intereses de los trabajadores que han de ir siempre unidos.
 
Ni que decir tiene que nuestro proyecto social, de modo de producción solidario y de integridad moral, nada tiene que ver, confrontándose de manera constante con el de la patronal basado en explotar a la clase obrera para vivir de esa explotación unos pocos. De ahí y en tanto perviva esta injusta sociedad impuesta no puede haber ni pacto social ni paz social, en la medida que eso solo consigue reforzar la explotación y a los empresarios debilitando enormemente a los trabajadores.
 
Los acuerdos puntuales y temporales que puedan hacerse, no amortiguarán ni diluirán nuestro posicionamiento manteniéndose con más firmeza y fuerza para hacer avanzar las conquistas de la clase obrera. Cualquier avance en cualquier empresa o sector ha de servir como guía para otras empresas o sectores que aun no hayan conseguido esas metas.
 
Estos objetivos marcados hasta aquí, han de conformarse como aspiraciones constantes de trabajo siendo elementos diferenciadores de carácter esencial con los sindicatos del pacto social. También sirven para marcar nuestra trayectoria presente y futura, si bien, somos plenamente conscientes de que nuestra existencia constituye la voluntad de agrupar la dispersión que los sindicatos correa de transmisión del sistema capitalista han impulsado, marginando y reprimiendo a los trabajadores conscientes y a los cuadros sindicales que los hemos opuesto y nos oponemos a colaborar con el entreguismo al sistema.
 
Entender bien este problema de que somos la consecuencia de la dispersión, nos ayudará a superar las dificultades que aparezcan en el camino, si pensamos y actuamos en clave de proyecto de ámbito global, que no sólo integra las múltiples y variadas experiencias vividas sino que las eleva a una categoría superior en el proyecto del sindicalismo de clase, fortaleciéndose más en cada empresa y sector, pero compartiendo, poniendo en común y desarrollando los vínculos entre nosotros para extender con mucha mas prontitud y eficacia el proyecto de los trabajadores.
Hay muchas formas de intervenir que han aparecido en el debate de esta asamblea y que serán útiles si contamos con compañeros y compañeras para llevarlas a la práctica, por ejemplo: el asesoramiento jurídico para trabajadores de pequeñas empresas, la organización en el ámbito local, por barrios, polígonos… Ninguna posibilidad real de organizar el sindicalismo de clase debe quedar sin poner en práctica. Todas serán útiles y cuantas más manos y cabezas se incorporen, mejor.
Hoy se conforman dos proyectos sindicales: uno el que es transmisor de las ideas de la patronal, del pacto social, de la paz social y del capitalismo. El otro el proyecto de clase, que lucha porque lo trabajadores sean lo primero y confronta con la patronal y los gobiernos que la sustentan y con el sindicalismo subordinado a sus intereses. En éste lado nos encontramos la CSC.
NUESTRA APUESTA EN EL AMBITO INTERNACIONAL
En el ámbito internacional, es de gran importancia mantener intercambios y relaciones estables con todas las organizaciones que trabajen y se orienten en el sindicalismo de clase, es decir en la organización clasista de los trabajadores.
 
Hay en muchos países sindicatos que sintonizan con nuestros planteamientos y estrategia. En este sentido no pondremos ningún límite mas allá que el de nuestras capacidades y posibilidades de relacionarnos con quien podamos.
Conocemos las posiciones de la Federación Sindical Mundial, hemos tenido intercambio, y coincidimos en la problemática de la clase obrera así como en su posicionamiento clasista y seguiremos profundizando las relaciones con esta importante organización, único referente sindical clasista a nivel internacional, en la perspectiva de la integración de la CSC en dicha estructura.
 
Podemos trabajar con muchos sindicatos, los afiliados a la FSM con presencia en empresas de otros países que tienen su relación o son filiales de Multinacionales de aquí. Esta puede ser una muy buena aportación a la CSC.
 
En esta primera asamblea que celebramos después de legalizar las siglas en forma de organización sindical, aunque la CSC siga siendo un Movimiento Sindical cuyo objetivo estratégico es la reconstrucción del sindicalismo de clase en España, podemos decir que hemos tomado el camino que corresponde a quienes sentimos los problemas de los trabajadores en la dimensión real que tienen, estando dispuestos desde la humildad pero con determinación y firmeza a luchar por ellos, a trabajar con todos los que estén dispuestos, hombres y mujeres, no importa de qué partido o de qué sindicato proceden, o si se inician en estos momentos o en el futuro.
 
Hacen falta muchas manos y cabezas que trabajen y organicen el sindicalismo de clase. Estamos convencidos de que no somos los únicos ni lo primeros en ponernos a caminar. Con todos los que quieran recorrer este camino, compañeros a título individual o en grupo, organizaciones sindicales ya constituidas, pueden y deben participar de este proceso para fortalecerlo y engrandecerlo. A su vez, la CSC hará todo lo posible por mantener las mejores relaciones con otros sindicatos con posiciones avanzadas dentro del estado, para debatir y poder llegar a acuerdos para hacer avanzar las luchas en defensa de los trabajadores.
FRENTE A LA DESORGANIZACION => ORGANIZACIÓN Y AFILIACION
FRENTE A LA DESMOVILIZACION => DEBATE Y LUCHA
FRENTE A LA PATRONAL => SINDICALISMO DE CLASE Y LUCHA PARA LA TRANFORMACION SOCIAL PARA EL BIENESTAR COLECTIVO.
Adelante para organizar y extender el proyecto sindical de clase.

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