Discurso de George Mavrikos, Secretario General de la Federación Sindical Mundial

Discurso de George Mavrikos, Secretario General de la Federación Sindical Mundial
Copenhague, Dinamarca
15 de noviembre 2012
Las teorías sobre la “independencia y neutralidad” de los sindicatos
Los reaccionarios cambios, en la política y en lo ideológico, a nivel mundial en los últimos 20 
años, cambios temporales de la dominación de las fuerzas del capital y el reformismo, están haciendo reaparecer viejas teorías acerca de la “independencia” y la “neutralidad” de los sindicatos. Estas percepciones afirman que la coordinación de la lucha de los trabajadores, en la dirección de concepción de clase, limita esta lucha, la subordina a las prioridades políticas y sitúa en los caminos de la lucha, en cada uno de los respectivos países, trampas que no están sirviendo a los intereses de la clase obrera. Naturalmente, las fuerzas del capital y sus partidarios en los sindicatos reformistas no sólo se satisfacen con tales percepciones, sino que las promueven y mantienen como, supuestamente, un posicionamiento moderno y progresista.
 
En ningún caso estas teorías son nuevas. Son las viejas teorías. Tales teorías se expresaron en el interior de la FSM, incluso a partir del Primer Congreso, en 1945 en París, cuando los representantes de algunos sindicatos, en especial los británicos y los holandeses, exigieron que la FSM permaneciera neutral hacia el tema del colonialismo, con la excusa fraudulenta de que “esto no es una cuestión sindical”.
 
El enfrentamiento fue duro. Los británicos y los holandeses fueron vehementemente confrontados por los líderes sindicales, como el indio Dange SA, el cubano Lázaro Peña, el chino Liu Chang Cheng, el soviético Kuznetsov y otros.
 
Después de la votación, la resolución del Congreso de fundación de la FSM dice:
 
“Habrá sido una victoria incompleta si la gente de las colonias y los territorios de todos los países se ven privados de sus derechos en la libre determinación y la independencia nacional”.
 
En cada ciclo histórico y en su cierre, el movimiento sindical tuvo que afrontar esas voces que instaron a “ajustarse a las nuevas realidades”. La experiencia histórica, sin embargo, demuestra que los grandes logros de los sindicatos y de la clase obrera se han llevado a cabo cuando los sindicatos eran guiados, en su lucha económica, por una orientación clara con respecto a los objetivos de la lucha de clases, cuando se fortalecieron en sus relaciones internacionales para la coordinación del proletariado en oposición a las fuerzas internacionalizadas del Capital y a sus agentes en el movimiento sindical.
 
La degeneración de los dirigencias sindicales, como es el caso de la CGT de Francia, o en Italia, de la CGIL, que antes fueron sindicatos de clase y arraigados en las fábricas y los lugares de trabajo, es el resultado del abandono de las lecciones históricas de la lucha de clases. Y el problema no es solo la degeneración y la quiebra de la burocracia sindical, si no además de las ilusiones que se cultivan en el trabajo masas, el desarme de los militantes honestos, la orientación hacia el “asociacionismo social” y “la  conciliación de clases y la paz social”.
 
 
Esta es la razón para varias preguntas específicas que vale la pena responder una vez más.
 
 
A) ¿”Independencia” y “neutralidad”, respecto a de los objetivos finales de la lucha del proletariado por el derrocamiento del capitalismo y la abolición de la explotación del hombre por el hombre?
Aunque los sindicatos no pueden ciertamente iniciar este cambio revolucionario, sólo a través de dicho cambio se les permite desempeñar su objetivo básico. La corriente de   frontal ataque del capital contra los logros de la clase obrera, su esfuerzo para salir de la situación de crisis económica incrementando la explotación económica de los trabajadores, demuestran que los logros de la lucha económica sólo pueden estar a la defensiva, temporal y en peligro de invertirse, si no están vinculados a la más amplia lucha por un poder político diferente que trabaje exclusivamente en favor de la clase obrera y sus aliados.
 
Aislados de la lucha política, los sindicatos sólo pueden desarrollar dentro de las masas obreras una conciencia economicista, que está condenada a estar subordinada a la ideología burguesa, ya que tiene como único objetivo mejorar la posición de la clase obrera en el marco del capitalismo, ya que acota los objetivos de la clase obrera sólo a los ámbitos financieros y de mejora, tanto de los salarios como de las pensiones, etc. Estas son mejoras que los gobiernos pueden modificar y anular a la vez, por ejemplo, que la fiscalidad de los trabajadores.
 
Por esta razón, los pioneros representantes de la clase obrera, Marx y Engels, ya a mediados del siglo XIX, subrayaron la necesidad que los trabajadores tenían de  luchar no sólo contra las consecuencias del sistema capitalista, pero si, y al mismo tiempo, contra el mismo sistema. Se destacó el papel de los sindicatos como “una organización para la superación del sistema de trabajo asalariado del Capitalismo”.
 
La experiencia histórica en sí ha demostrado claramente que sólo cuando la batalla de la lucha de la clase obrera con los sindicatos se combinó armónicamente con la lucha política por el poder, en coordinación con los respectivos partidos revolucionarios, fue posible abolir la explotación del hombre por el hombre.
 
Dicha combinación en la lucha, no sólo no la limitan, si no que la facilitan, las más amplias capas de la clase obrera para superar supersticiones e ilusiones, para liberarse de la ideología burguesa, para ayudar en la construcción de un verdadero frente único de la clase obrera hacia la promoción de sus intereses comunes. Tal movimiento no puede ser unificado y construido a través de una soldadura artificial o con acuerdos de alto nivel, si no sólo en una dirección de cambio revolucionario de la sociedad.
 
 
B) ¿”Independencia” y “neutralidad”, respecto al proletariado de los otros países y respecto a sus clasistas organizaciones sindicales?
Durante los últimos dos siglos, las necesidades del Capital, para tener más y más mercados para sus productos, lo empujó a expandirse por todos los rincones del globo. “La burguesía, a través de la explotación del mercado mundial, dando un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países” (Manifiesto Comunista). La internacionalización del capital, que se viene intensificando y multiplicando desde entonces, en la era de los transnacionales monopolios y el imperialismo, ha añadido nuevas tareas y deberes a la lucha de clases, a parte de las ya conocidas. El movimiento obrero escribió en sus banderas, junto con el lema de la abolición de la explotación, el lema: “Proletarios de todos los países, ¡uníos!”.
 
¿Esto borra las iniciales tareas de la clase obrera en cada país? ¡No! La lucha de la clase obrera contra el capital es (al menos en la forma) el primer objetivo nacional. El proletariado de cada país debe dar su “batalla” en primer lugar contra la burguesía de su propio país.
 
Sin embargo, la internacionalización de las actividades del capital crea nuevas necesidades para una coordinación internacional de la lucha de clases, para enfrentar: la estrategia global común de los capitalistas contra la trabajadores (FMI, UE, Banco Mundial, OCDE, etc.), la actividad en muchos países y a nivel mundial de los grandes monopolios, que intensificó el peligro de conflictos armados y también los sacrificios humanos de la clase obrera, debido a las rivalidades entre las diferentes partes del Capital.
 
 
¿Esta coordinación internacional del proletariado abolirá las peculiaridades y las particularidades de la lucha de clases en cada país?
 
El  movimiento sindical de clase y las organizaciones internacionales nunca subestimarán las tareas particulares que el desarrollo desigual de capitalismo en los distintos países impone sobre ellos. Sin embargo, deberán poner de relieve los principios y objetivos comunes que son el fondo de cada lucha de clases, consistentes y determinantes para unificar los intereses y la acción del proletariado internacional.
 
En nuestros días, la hipocresía de todas las fuerzas oportunistas en el movimiento sindical ha sido clara. Mirad las posiciones adoptadas ante los imperialistas ataques contra Libia en 2011, cuando 135.000 personas perdieron la vida. El liderazgo de la CSI, los dirigentes sindicales de la CGT Francia, CGIL de Italia y otros como el británico TUC, el alemán DGB, los dirigentes de los sindicatos de los Países Bajos, de Suecia, apoyaron la guerra imperialista. ¿Por qué? El principal objetivo de esta guerra fue, para la burguesía de su propio país, el ganar una mayor cuota del saqueo del petróleo, del gas natural y otras riquezas de Libia. A partir de este saqueo de la riqueza de otro pueblo, los oportunistas toman una pequeña parte, a través de privilegios o por medio de sus salarios.
 
Ver la posición de las ya desprestigiadas CCOO en España en la crisis que tuvo lugar en abril de 2012 entre los dos estados, el de Argentina y el de España, cuando había una amenaza de una confrontación desencadenada por la “nacionalización” por el gobierno de Argentina del monopolio español Repsol-YPF. Este monopolio español estuvo robando durante 14 años, el petróleo de Argentina. CCOO apoyó oficialmente y por escrito al gobierno español, a los propietarios capitalistas de la multinacional Repsol-YPF, a la Comisión Europea y a todos los otros ladrones implicados. ¿Por qué? Porque los dirigentes de CCOO ganaban indirectamente con el saqueo de los recursos naturales y la explotación de la clase obrera de Argentina. Sus privilegios son una parte del botín.
 
En los dos ejemplos anteriormente citados, se ve claramente la hipocresía de los oportunistas, que sólo con palabras hablan de la solidaridad internacional y el internacionalismo, mientras que en realidad se aprovechan de la explotación del proletariado internacional.
 
 
C) ¿”Neutralidad” de un sindicato con orientación de clase, respecto a la FSM (Federación Sindical Mundial) y a la CSI (Confederación Sindical Internacional)?
La necesidad de la lucha de la clase obrera en cada país contra el poder del capital como tal (no sólo en contra de sus resultados) y la necesidad de coordinación internacional en la misma dirección dejan claro que a la pregunta anterior debe darse una respuesta negativa. La posición y las acciones de la CSI, y sus organizaciones de base a nivel nacional, demuestran que no tienen nada que ver con la verdadera defensa de los intereses de la clase obrera, incluso ni en la defensa de lo inmediato, por no hablar de las reivindicaciones a largo plazo. Por lo tanto, no son un sindicalismo de clase que respete su papel y su misión, no son un verdadero sindicalismo que quiera seguir siendo parte de su clase, se puede ver que su neutralidad es fraudulenta.
 
No se puede decir que “nuestro sindicato es independiente…y decide por sí mismo”. Esto significa que simula decidir por sí mismo para estar con los funcionarios del FMI y los del Banco Mundial. ¿Qué significan todas estas excusas? ¿A quién convencen?: ¡A nadie!
 
¡El mismo error se hace por parte de algunos camaradas que proponen la unificación de la FSM y la CSI! Esto es como si alguien  propone la unificación de un Partido Comunista Revolucionario con uno social-demócrata, o incluso con uno ultraderechista. Lo mismo que si alguien tratara de unir el aceite con el agua.
 
Los trabajadores tienen que darse cuenta de que la FSM y la CSI tienen dos raíces históricas diferentes, dos estrategias diferentes, objetivos diferentes, ideología y base teórica diferentes. Es imposible unir estas dos líneas distintas, la promoción de la lucha contra el capital y el imperialismo, y la que conduce a la subordinación a los objetivos del capital y del imperialismo.
 
Sin embargo, si imaginamos que en algún momento las direcciones burocráticas cambian hacia un proceso de unidad sindical, es seguro que el paso siguiente, sería el proceso para una nueva internacional y la organización de clase comenzaría una nueva etapa, porque su existencia es una necesidad objetiva.
 
 
Una conclusión general.
 
Todas estas teorías, que aparecen y desaparecen, tienen como objetivo central el justificar los pasos atrás, los compromisos, el abandono de los principios de la lucha de clases. Tienen como finalidad crear excusas para la colaboración de los dirigentes sindicales con los monopolios y sus gobiernos.
 
Por último, todos estos esfuerzos tienen como objetivo ocultar a la mayoría de la gente la verdad: Que los dirigentes sindicales oportunistas han perdido todo contacto con la realidad de los intereses de clase, y que, al mismo tiempo, son peligrosos para la clase obrera de los demás países.
 
Tenemos el deber de exponer a los ojos de los trabajadores, a los líderes sindicales esa línea política. Y batallar hasta que expulsemos de los sindicatos a todos los falsos “líderes”, como Lenin escribía y subrayaba.
 
 
Discurso de George Mavrikos,
Secretario General de la Federación Sindical Mundial en Copenhague.
 
15 de noviembre 2012
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